Haidar podría aguantar 30 días más sin comer

jueves, 17 de diciembre de 2009


MADRID.- ( AGENCIALAVOZ.COM ) Un mes en huelga de hambre. La activista saharaui Aminatu Haidar, que lleva en ayuno total voluntario cuatro semanas, podría entrar en un estado grave en cualquier momento. En este tiempo que lleva sin comer, su organismo ha consumido 6,2 kilos.


Teniendo en cuenta que la Gandhi saharaui, como la han bautizado algunos medios anglosajones, pesa ahora 57,6 kg, esto supondría una disminución de alrededor del 9,7% de su peso corporal.
Los expertos coinciden en que un descenso del 18% de la masa es el umbral a partir del cual comienzan las complicaciones más graves. Perder el 30% es incompatible con la vida. No obstante, según un informe de hace 10 días, su situación es ya grave, a pesar de estar tomando 12 terrones de azúcar al día, alrededor de 240 calorías que le ayudan a prolongar el tiempo en ayuno. En los últimos días ha tenido náuseas y problemas para tragar. Si empeora, las autoridades deberán tomar la decisión de realimentarla a la fuerza, quebrantando su voluntad, o permitir que su pacífica protesta llegue a sus últimas consecuencias.
Treinta y dos jornadas sin ingerir alimento alguno, salvo un litro y medio de agua con azúcar que bebe cada día. Ésta es "una de las variantes que aumentan la supervivencia de las personas en ayuno total", explica es Francisco José Tinahones, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga. Recibir un pequeño aporte de vitamina B o de electrolitos son otros trucos para prolongar la vida de los huelguistas. Los 12 terrones de azúcar que consume a diario, además de aportarle 240 calorías, sirven de fuente energética para el cerebro, limitando así la necesidad del cuerpo de autoconsumirse.
Sin embargo, el debilitamiento de la salud de Aminetu Haidar, la Gandhi Saharaui, como la han apodado algunos medios extranjeros, cada vez es más patente. Tiene dificultades para tragar y náuseas, y pronto podría empezar a manifestar problemas graves que obliguen a su ingreso en un centro sanitario. Cansancio, hipotensión, descenso de la frecuencia cardiaca, hipotermia, debilidad muscular... "Básicamente, el cuerpo intenta ahorrar energía poniéndose en un estado letárgico", señala Tinahones.


En 2005 estuvo 32 días sin comer
El aguante de un organismo que se somete a un ayuno prolongado depende de su estado nutricional previo. En personas sanas, la supervivencia recogida por la literatura científica está entre los 21 y los 70 días (en 2005, Haidar estuvo 32 sin comer). "Nadie que sólo ingiriera agua -subraya este especialista- ha superado ese umbral".
Con 42 años y 1,65 metros de altura, Haidar afronta su segundo mes de huelga con 57,6 kilos de peso. Es decir, con un índice de masa corporal (IMC) de 21,2. Aunque no se trata de una delgadez extrema, "la desnutrición no se calcula en función del IMC, sino basándose en el porcentaje de peso que ha perdido y en cuanto tiempo", explica Rosa Burgos, coordinadora de la Unidad de Soporte Nutricional del Hospital Vall d'Hebrón (Barcelona).
Una pérdida del 18% del peso corporal supone un compromiso serio para las funciones del organismo (el 30% es incompatible con la vida), según un artículo publicado en 'The Journal of the American Medical Association'. En este mes, ha perdido 6,2 kg. Es decir, un 9,7% de su peso total. Aunque está lejos aún de ese umbral, la muerte de estas personas se puede producir antes de alcanzarlo, según el experto malagueño, debido a la falta absoluta de nutrientes.
Haidar, con una úlcera gástrica, podría estar entrando en la fase crítica de la desnutrición severa. Su aspecto demacrado (ojos hundidos, etc.) indica que la grasa se está agotando. El organismo tendrá que empezar a quemar proteínas para obtener energía. Es decir, el músculo y las vísceras se irán consumiendo poco a poco y los peores síntomas harán su aparición. La depleción proteica es uno de los aspectos que marcan la diferencia entre este tipo de desnutrición severa y otros, como el que ocurre en la anorexia nerviosa. En el caso del trastorno alimenticio, la carencia es casi exclusivamente calórica. "En la huelga de hambre es también proteica, de mayor calado desde el punto de vista orgánico ya que compromete la viabilidad de muchas funciones del cuerpo", indica Tinahones.
Esto, junto con la falta de vitaminas, hace de la desnutrición secundaria al ayuno prolongado una de las más peligrosas. Haidar, que el pasado fin de semana declaró tener "muchas ganas para seguir" su protesta, tendría más posibilidades de sobrevivir más tiempo si fuera un varón o tuviera sobrepeso. De prolongar su huelga, la activista saharaui se enfrentará a las peores consecuencias de su desnutrición: fallo renal o de otros órganos, arritmias, infecciones y, finalmente, la muerte.
Antes de Haidar, otros han empleado el ayuno total voluntario como medio de reivindicación. Esta forma relativamente común de protesta entre presos y refugiados es, sin embargo, rara vez llevada hasta sus últimas consecuencias. Bien por la conquista de los objetivos bien por el inicio de la alimentación forzosa. No obstante, algunos de los casos más conocidos son aquellos que culminaron con la muerte de los huelguistas, como la de varios presos del IRA en los 80. Por complicado que resulte entender que un gobierno deje morir a una persona, lo cierto es que la posición adoptada en su día por el Reino Unido es la que tiene mayor respaldo. La Organización Médica Mundial (OMM) es reacia a la alimentación forzosa de aquéllos en ayuno por tratarse de una decisión individual. No existe un trastorno psicológico de base que justifique este procedimiento, como ocurre con la anorexia, pero el deceso de estas personas es poco popular.
El médico, según la Declaración de Malta de la OMM, debe respetar la autonomía del huelguista al tiempo que le informa de los riesgos que corre y de las opciones que existen para, sin romper su propósito, mantenerse en el mejor estado posible. Al tratarse de una protesta pacífica, las asociaciones médicas se inclinan por el diálogo y el seguimiento médico sin recurrir a la nutrición por la fuerza, cosa que, en el caso de Haidar, podría ocurrir si un juez así lo dictamina, según la Organización Médica Colegial de España. Situación similar a la de Iñaki de Juana Chaos, con la más que notable diferencia de que Haidar no está en régimen penitenciario.


Comer puede matar
Las implicaciones éticas de esta decisión son evidentes. Los individuos determinados a llevar el ayuno hasta sus últimas consecuencias se resisten a ser alimentados, lo que obliga inmovilizarlos y a veces sedarlos. En los casos extremos, como en Guantánamo, se han llegado a emplear métodos rayanos en la tortura -sondas de 12 milímetros de diámetro, sillas jaula-, tal y como recoge un artículo de 'The New England Journal of Medicine'.
La realimentación no es un asunto baladí. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, algunos supervivientes de los campos de exterminio nazis sufrieron un extraño síndrome. Cuando, tras meses sin apenas ingerir alimentos, volvieron a comer, tuvieron diarreas fatales, fallo cardiaco o complicaciones neurológicas. El 40% falleció.
Ya sea voluntaria o forzosa, la realimentación de personas que han permanecido largo tiempo en ayuno debe hacerse siguiendo una pauta concreta. "Ha de ser extremadamente lenta porque si no se producen alteraciones metabólicas de consecuencias graves", subraya Rosa Burgos. Si la renutrición se hace sin control, puede aparecer el síndrome de realimentación. Este trastorno se caracteriza por un descenso brusco de los niveles de potasio y fosfato, esenciales para la contracción muscular. Estas alteraciones pueden causar problemas cardiacos (arritmias), que pueden ser fatales.
Para evitarlo, "la realimentación debe realizarse con sueros por vía intravenosa y aportando los nutrientes de forma muy lenta", explica Burgos. Debe comenzar con menos del 50% de las necesidades energéticas y, si el sujeto está muy desnutrido, incluso menos. Lo recomendable, añade la especialista, es "reiniciar la vía oral muy lentamente porque en personas que llevan mucho tiempo en ayuno es muy probable que el intestino esté atrofiado por el desuso así que se pueden producir diarreas", que comprometerían aún más su situación.
Los facultativos deberán además monitorizar los niveles de electrolitos del paciente. En el caso de una huelga de hambre, "es muy probable que el individuo sufra un déficit de proteínas muy importante, por lo que habrá que incorporárselas a la dieta, así como vitaminas", concluye Tinahones. La recuperación es lenta y puede dejar secuelas, como la úlcera que Haidar arrastra desde su última huelga de hambre.